Este no me gusta mucho, lo tengo que terminar de perfeccionar, pero bueno, así quedó por ahora...
Un hombre de 35 años habla a una mujer.
Discutían fuertemente, una advertía, otro ignoraba.
En un momento se detienen. Se detiene el hombre, mientras la mujer lo mira asintiendo. Se detiene y grita, señala al cielo y vuelve a gritar. Y llora, y corre, y busca ayuda.
Pero ya es tarde. El avión ya soltó la caja.
Cae, penetra con muchísima fuerza mientras una mariposa vuela sobre flores amarillas. Mientras una niña ríe jugando en un parque. Mientras un perro recibe alegremente a su amo. Todos actúan normalmente, sin saber qué va a pasar, disfrutan de sus vidas ignorando a la muerte.
Finalmente explota, arraza toda la naturaleza, dejando solamente cenizas de lo vivido.
El único que queda es el hombre, con la mujer a su lado
Yo te dije, mirá lo que pasó Susurra la mujer con miedo a hablar demasiado alto.
No. No es verdad. Vos no existís. No me persigas más Responde él.
A la par con sus palabras, las cenizas comienzan a vivir, abre paso a la naturaleza, la bomba se rearma. La caja de levanta, con muchísima fuerza. Se despega del piso y se mete dentro del avión, que desaparece.
Todos actúan normalmente. Un perro recibe a su amo, una niña juega en un parque, una mariposa vuela.
Encerrada entre silencios// Sos la clave, la verdad, la mentira// Un eco del cambiante pensamiento.
10/31/2011
Vidrio
No sos nada
sin quien te mire.
Imágenes que traspasan
un color inexistente.
Imágenes transpasadas
tiñéndote en carmesí
tiñéndome en dolor,
10/30/2011
Bolsa
Suave tu blancura
Común a donde vaya
Esperás al mínimo viento
Para poder escapar
Y volar, siempre esclava
Palabras
Encerrada entre silencios
Sos la clave, la verdad, la mentira
Un eco del cambiante pensamiento.
Hola, no tengo título
Ella
Desvanece en el aire,
Es una rosa
Que débil oscurece.
Ahora
Su corazón palpita,
Respira
Una, dos veces,
Se detiene
Duerme
En su encierro eterno
Se consume.
Dejando recuerdos
Cenizas de un pasado.
10/07/2011
Cómplices
Respira. Mueve una mano impacientemente. Vacila y por fin lo hace. Repentinamente cae, se desploma junto al cadáver y comienza el llanto. Lo abraza, se aferra a él como protegiéndolo, arrepentida, pero ya es tarde. Sonrío. Aplaudo dos, tres veces. Me mira con los ojos grandes y húmedos.
“Viste? No era tan difícil. Ya te vas a ir acostumbrando…” digo.
Mira al cuerpo, después a mi y me escupe. Me limpio la cara, río. Tomo el arma y disparo.
Soledad
El eterno invierno secaba los árboles, haciendo que sus hojas caigan suavemente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Así, finalmente llegaban al fin de su recorrido, cayendo al pasto, sin vida, donde algún pie las rompería o alguna niña las tomaría para su colección.
Ahí estaba yo, sentada en la plaza, donde podía pasar un rato sola con mis pensamientos, ya que los otros no tendrían ni tiempo ni ganas para venir a este lugar helado teniendo la posibilidad de ir a una casa con calefacción, dos adorables padres y una taza de café. Cosa que yo no quería hacer, no porque no tuviese casa, calefacción, padres o tazas de café, era el simple deseo de no hacerlo.
Ahí estaba yo, sentada en la plaza, donde podía pasar un rato sola con mis pensamientos, ya que los otros no tendrían ni tiempo ni ganas para venir a este lugar helado teniendo la posibilidad de ir a una casa con calefacción, dos adorables padres y una taza de café. Cosa que yo no quería hacer, no porque no tuviese casa, calefacción, padres o tazas de café, era el simple deseo de no hacerlo.
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